El nacimiento de una profesora – Parte 2

10 Abr 2017 Maria Blanco no responses

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Un profesor de cualquier tipo, aparte de enseñar, también está entrenado en escuchar y ser amigo. Mantener siempre una actitud abierta fue una de las cosas que aprendí en mi formación, y un buen consejo que recibí durante las últimas semanas fue siempre hablar con tus estudiantes de lo que les gusta. No significa que iré por la vida aceptando absolutamente todo, pero a la hora de planificar y dar clases de español, lo más importante es que los estudiantes se comuniquen en el idioma, pues si la gente estudia la lengua es porque quiere hablarla.

Son infinitas las ventajas de tener una clase abierta, lo hace todo más entretenido y además ofrece de alguna manera un “retroaprendizaje” en el que el profesor es educado también. Después de todo, no eres ni remotamente el único poseedor de conocimientos dispuesto a compartirlos en el aula.

Al llegar la tercera semana, mis clases fueron notablemente más dinámicas. Cuando tienes la oportunidad de enseñar o contextualizar con ayuda de algo que te apasiona, se nota. Todo siempre fluirá mejor si la mayoría siente interés por lo que se habla en el aula. Y así fue. A estas alturas del recorrido mi voz ya no temblaba. Aprendí a reducir el TTT – Teacher Talking Time, pues llegué a un punto en el que ya no me bloqueaba sino lo contrario, hablaba demasiado y eso también tuve que trabajarlo. Ya no era la típica clase magistral, ahora todos nos comunicábamos constantemente. Mis pizarras tuvieron más sentido, se comprendía la estructura de la clase y mi escritura. Si estás considerando ser profe, ve practicando tener al menos una caligrafía decente. No debe haber nada peor que no compartir ni el alfabeto y tener que descifrar palabras.

Algo muy contradictorio para una persona tan desordenada como yo, fue lo útiles y significativas que resultaron las hojas de planificación durante toda la formación. Es como tener una hoja de trampa durante toda la clase. Personalmente me volví buena con ellas y me encantaba hacerlas. Me daban un impulso de confianza a la hora de pararme frente a todos pues si todo está estructurado correctamente, se reducen bastante los riesgos de tener una clase mala.

En la recta final ya era casi completamente independiente. El contenido y cómo estructurar la clase quedaba completamente de mi lado, quien era mi formadora pasó a ser ahora una acompañante que en lugar de enseñanzas daba consejos de colegas. Una de las tareas que sabía que tendría que hacer era un proyecto final. Llegó dicho momento y de repente todas las tareas pasaban por mi cabeza: mejora tu posición en clase, aprende a potenciar las cuatro macrodestrezas de los estudiantes y DE PASO explota tu lado creativo. No está de menos decir que fue una semana exigente. Sin embargo, mientras más me acercaba a la meta, más inspirada me sentía…